Sacheri

Sacheri gycmajulitede ‘lOR6pR 16, 2011 a pagos Liliana Emma Colotto de Morales. Ese nombre sí guardaba un registro muy desvaído en mi memoria. Claro: su paso por mi vida había sido fugaz, durante el año que siguió a su muerte. Después mi recuerdo se adhería solamente a Morales, su viudo, y a Gómez, su asesino. Ahora volvía, traído por el hombre que más la había querido. Después de su muerte, como si fuese un acto de despecho o, peor, como si ese acto de despecho sirviese de algo, volví a fumar y de manera cada vez más abusiva.

Pues bien, dos atados iarios han concluido con mi buena salud y mi resistencia. Y paradójicamente, solucionan tal vez antes de tiempo mi último dilema. «Pobre tlpo», pensé, que me entero de la muerte, hago un ráp y la injusticia de la m y como si valiese de ora iew e cáncer». Siempre la inminencia de esa da orno si la juventud te proporcionales, e a las muertes tempranas. Esta vez no fue la excepción: deduje que Morales andaría por los cincuenta y cinco años.

Sería necio si le dijera que la muerte me preocupa. Ni mucho ni poco. Tal vez si usted llega a considerar cabalmente mi Situación asta coincida conmigo en que se trata de un alivio. Si no lo toma a mal, quisiera transmitirle mis condolencias por la muerte de su ami Swipe to vlew next page amigo, el señor Sandoval. Me enteré por los obituarios de La Nación. No sabe cuánto lo lamenté. Tampoco con él hallé modo de retribuir lo que hizo por mí, o por Liliana y por mí, o como sea. or motivos que le explicaré más adelante (si antes no siente que abuso de su paciencia y abandona prematuramente esta larguísima epístola), me resulta imposible ausentarme de mi lugar de residencia por lapsos prolongados. Por eso concurrí al ementerio de la Chacarita unos meses después de la muerte del señor Sandoval, a rendirle un modest(simo tributo. Habría deseado, en ese entonces, hacerle llegar a su viuda algun tipo de auxilio monetario, mucho más contundente y provechoso que mis respetos, pero en esa época yo atravesaba una situación económica muy ajustada, producto de importantes deudas que había contraído.

Ahora bien: si usted está dispuesto a hacerme ese favor (en realidad, debería decir si está dispuesto a sumar este a la ingente cantidad de favores que voy a pedirle enmascarados en uno solo), voy a rogarle que le haga llegar a esa eñora un dinero que he reunido, y que sería para mí un honor tributarle como muestra de gratitud a la memoria de su esposo. Este Morales era maravilloso. Pretendía que yo me presentara en la casa de Alejandra, a la que veía de pascuas en Ramos, con un paquete de guita de parte de un vengador anónimo que se sentía en deuda con su marido, muerto catorce años atrás. ?No pasaba vengador anonimo que se sentía en deuda con su marido, muerto catorce años atrás. ¿No pasaba el tiempo, para este hombre? ¿Todo era un eterno presente que se sumaba a los anteriores? ara ms adentros respondí, rendido, que sí, que aceptaba llevarle a la viuda de Sandoval el dinero que Morales se proponía enviarle. Pero bueno, lo que le mencioné de la muerte del señor Sandoval lo hice para que no me atribuya la insolencia de juzgar tan livianamente todas las muertes.

Nada de eso. Apenas me atrevo a considerar así la mía propia. Y en verdad no diña que la encaro como algo liviano, antes bien podría calificarla de algo reparador, algo por fin sereno. Releo lo escrito y siento que me voy por las ramas y que lo fatigo con nociones inconducentes. Ya bastante iene usted con que yo aparezca emergiendo del olvido, y encima para solicitarle un favor, como para que además deba tolerar mis divagaciones.

Discúlpeme. Volvamos al asunto. Decía más arriba que en el caso de que no acoja favorablemente mi pedido destruya por favor esta, aparte de las otras cartas que van a llegarle. No obstante, le ruego se comunique con el escribano doctor Padilla, de aquí de Villegas, en las próximas semanas, pues en mi testamento me he tomado el atrevimiento de legarle a usted mis pocos bienes. Espero no lo tome como una impertinencia. 31_1f3