La actividad fisica en las carceles

La actividad fisica en las carceles gyyustclinux HOR6pR 16, 2011 | 123 pagos La ACTIVIDAD FISICA EN LAS CARCELES INTRODUCCIÓN El trabajo que presentamos a continuación, consta de partes diferencladas, una primera parte que intenta aproximarnos a la realidad de las prisiones, y más concretamente a la percepción subjetiva de lo que representa la cárcel para el recluso. Partiendo del análisis de todos los elementos que rodean la vida del presidiario, podremos ir viendo como van a ser factores que van a ir conformando su personalidad en prisión (el proceso de prisionización).

Del mismo modo adremos com robar como la cárcel o cambia únlcamen or 123 privando de la direcci de, _ un estado de ansieda contin induciéndole a vías d cuales pueden llegar enfermedades como el Sida. or eso, sino que le e su salud, siendo mine en el preso, o de las drogas, las vo o provocarle Del mismo modo podremos apreciar como las vías de escape del preso pueden ser otras alternativas como la actividad física, Sin embargo, la gran coraza defensiva que construye el preso a su alrededor hace difícil el inicio en los programas y sobre todo en las relaciones con personas nuevas.

Por tanto antes de plantear programas de actividad física en árceles, es necesario adentrarnos en la mente del presidiario para conocer su «mundo» ya que aunque puedan parecer personas normales, los procesos ps[quicos que despierta la cárcel son muy importantes. que realizan actividad física. A continuación, trataremos los objetivos que se persiguen en los programas de presos drogadictos, ya que tenemos que tener en cuenta que en las prisiones existen un número elevado de toxicómanos; además veremos la acción del deporte competitivo en las cárceles.

Más adelante, examinaremos la cárcel, pero desde la óptica de la Dirección General de las Instituciones Penitenciarias (DGIP); las Actividades culturales y deportivas, el perfil social del recluso en España, los trabajadores actuales de las cárceles, donde como por supuesto no esté incluido el Licenciado en Ciencias de la Actividad Física; varias estadísticas, que nos darán una imagen más clara del perfil de la población reclusa así como de su distribución po comunidades, y por último sobre el estado de los centros penitenciarios, a los cuales, hemos añadido un artículo de 1. 1]. ara contrastar la visión de la DGIP, con la realidad sobre el estado actual de las cárceles, y más concretamente en las cárceles madrileñas. or último y para terminar, hemos añadido una serie de recortes de la prensa que nos darán pie para sacar una serie de conclusones. ASPECTOS GENERALES DEL INTERNAMIENTO PENITENCIARIO La conducta depende, al menos en un aspecto importante, del ambiente en que se manifiesta. Son las características del ambiente y, sobre todo, la manera en que son percibidas por el indlviduo lo que determina cuáles son los parámetros báslcos de adaptación para ese individuo en ese ambiente.

Es decir, la adaptación se produce en un contexto, y son las peculiaridades de ese contexto las que determinan qué conductas son daptativas y cuáles no lo , para describi 123 las que determinan qué conductas son adaptativas y cuáles no lo son. Por tanto, para describir y explicar la conducta, asi como para intervenir con eficacia en su modificación, es preciso que previamente conozcamos cuáles son los parámetros básicos del ambiente en que se manifiesta.

En este sentido, antes de plantearnos las consecuencias que tiene la prisión sobre la conducta del preso, y qué peso ejerce en la consolidación de sus consistencias comportamentales, hemos de analizar los elementos fundamentales que definen el mbiente penitenciario, teniendo en cuenta, por supuesto, que esos distintos elementos ejercen su influencia interactivamente y que, por tanto, la influencia de cada uno de ellos se encuentra matizada por todos los demás. Por otra parte, la palabra «interno» la suelen utilizar las instituciones penitenciarias, en un intento de suavizar la realidad penitenciaria.

Sin embargo, en el lenguaje de la calle, estar interno es estar en un colegio, y en la cárcel no se está en un colegio, aunque una de sus consecuencias sea la infantilización de la conducta. En la cárcel se está preso. Es evidente que no todas las cárceles son iguales, que en nuestro país las hay nuevas, aunque todavía muchas de ellas son viejos edificios. Sin embargo, aunque sin duda la estética es un aspecto importante de la vida, que forma parte de eso que se suele llamar «calidad de vida».

Lo que ocurre es que la carcel implica aspectos tan duros y anormales que hablar aquí de estética parecer[a superfluo. En todo caso, las cárceles nuevas suelen ser tan feas como las viejas y tienen su mismo aspecto siniestro. PREDOMINIO DEL REGIMEN SOBRE INTERVENCION La intervención instituc 3 123 aspecto siniestro. La intervención institucional (programas de actividad física entre ellos) sobre la conducta desadaptada se plantea desde un absoluto predominio de los planteamientos judiciales, lo que convierte a las instituciones dedicadas a la intervención en agentes de control social.

Esto es aún más manifiesto en el ámbito penitenciario, que se estructura en función de los aspectos puramente regimentales y de seguridad, con una atención muy secundaria a la intervencion. La vida en la prisión se rige por el reglamento, diseñado de una manera seriamente restrictiva de la normalización de la vida, elemento fundamental de toda intervención), así como incluso de cualquier tipo de actividades, que no sólo se ven dificultadas sino incluso a menudo impedidas, ya que el objetivo no es crear un contexto terapéutico sino «evitar problemas» y, sobre todo, dominar al preso.

Este énfasis en la seguridad, en la evitación de la fuga, asi como en el control de la vida diaria del preso en cada momento, convierte a la prisión, en sí misma anormalizadora en función de su consideración de «ambiente total», en un hábitat que transmite al recluso una gran violencia, factor importante en a anormalización progresiva de su conducta y, por tanto, en la configuración de unas consistencias comportamentales adaptadas a esa situación.

A esto se une la estructuración de la vida diaria del preso con una gran rigidez y un considerable vacío de contenido, así como una planificaclón prácticamente absoluta de qué puede hacer el preso y que no puede hacer, al margen de sus intereses o sus deseos. De alguna forma, podr- hacer, al margen de sus intereses o sus deseos. De alguna forma, podríamos decir que la Ley Orgánica General penitenciaria está hecha de cara al exterior, para ser enseñada, omo una herramienta política, mientras que el Reglamento Penitenciario está concebido para uso interno, para someter al recluso en la prisión.

En este sentido, es por eso por lo que la legislación Española es claramente progresista, mientras que el reglamento, sobre todo en su aplicación, apenas ha avanzado en los ultimos años. LA ESTRUCTURA ARQUITECTONICA Al igual que el reglamento penitenciario, la propia estructura arquitectónica de la cárcel no esté concebida en función de una intervención recuperadora sino en función de la seguridad, de la evitación de la fuga, así como para dominar al preso y obligarle a a sumisión. Eso conduce a que toda la configuración del espacio se estructure con esa finalidad.

Por la importancia que tiene el ambiente físico en las «instituciones totales» para configurar la manera como el individuo se adapta a ellas, conviene que nos detengamos en la concepción del espacio en la prisión, tanto a nivel de la «cantidad’ de espacio» como de la «calidad» del mismo. La cantidad de espacio En cuanto a los aspectos cuantitativos del ambiente, existen profundas diferencias entre el «espacio existente» y el «espacio disponible». Incluso en los centros más grandes, el spacio disponible para el preso es muy escaso y además tiene seriamente restringida su movilidad en él.

En cuanto al espacio dedicado a actividades, además de ser igualmente escaso, únicamente puede acced minados momentos, si previamente lo solicita, si de turno es acceder a él en determinados momentos, si previamente lo solicita, si el funcionario de turno está disponible y dispuesto a llevarle, si está programada la actividad, si el monitor ha llegado, SI hay monitor… Otro aspecto aún más importante que el anterior, respecto de la cantidad de espacio, es el que se refiere a la habitación del reso, la «celda», como se le conoce en el lenguaje formal de la prisión, o el «chabolo», según el argot penitenciario.

Todo individuo necesita momentos de privacidad, de intimidad personal, de soledad y, por tanto, de un espacio que pueda no compartir en algunos momentos, que sea un espacio acogedor, personalizado, con el que se identifique, que le ofrezca serenidad y relajación, un espacio donde pueda soñar o llorar, pero a solas. Todo esto es mucho más importante en la cárcel, donde el recluso está sometido permanentemente a una gran tensión. Sin embargo, en la gran mayoría de las ocasiones, a celda, que es en realidad la vivienda del preso, en nada se parece a un espacio que favorezca o que, al menos, permita esa personalizacion.

En cuanto a las dimensiones, las celdas son casi siempre demasiado pequeñas, sobre todo tratándose de una institución total agresiva como es la cárcel, en la que el espacio personal es fundamental para mantener la cordura. Además, dado el hacinamiento de las cárceles, casi siempre el recluso ha de compartir su celda con otro u otros compañeros, independientemente de que haya sido diseñada para una sola persona, y ya con unos criterios muy limitados.

En consecuencia, tampoco en su celda puede estar sólo, lo que se ve obligado a compartir hasta los más íntimos momentos de la vida diaria con otras per lo que se ve obligado a compartir hasta los más íntimos momentos de la vida diaria con otras personas que, por otra parte, no suelen pertenecer a su núcleo íntimo, porque no los elige él, sino que se los impone la institución. pero, una vez más, la intimidad del recluso no es algo que suela preocupar habitualmente a los encargados de diseñar las cárceles. or el contrario, las nuevas prisiones, al margen de alguna pequeña uestra, dirigida a ocultar la realidad general de las prisiones y a servir de escaparate, siguen siendo profundamente anormalizadoras y siguen sin contemplar y dar respuesta a la necesidad de intimidad del preso. Es cierto que en algunas prisiones, y algunos presos, tienen una celda exclusiva. Pero eso suele ocurrir fundamentalmente cuando, una vez más por motivos de seguridad, la institución considera conveniente que un determinado preso esté sólo.

Sobre todo eso ocurre en las llamadas «celdas de aislamiento», que no son más que otra manera de llamar a las celdas de castigo de siempre. Allí el preso sí va a estar sólo, pero en ellas esa soledad le va a pesar como una losa insoportable que le hará dar un paso más hacia la locura. Así pues, podemos hablar de un doble hacinamiento en la prision: – Por una parte, el hacinamiento físico, los metros cuadrados disponibles en función del número de presos, en la celda y en el resto del espacio.

Pero espacio disponible, como planteaba al comienzo de este apartado, quiere decir espac10 al que el preso tenga acceso diario y permanente. Porque las cárceles son grandes, pero no para el preso. – Por otra parte, el haci ológico, que hace eferencia a la permanent – Por otra parte, el hacinamiento psicológico, que hace referencia a la permanente compañía de otros, a la imposibilidad de no estar nunca sólo, que convierte aún en mucho más asfixiante el aire de la prisión.

Un ambiente total, violento y todopoderoso frente a la fragilidad y debilidad del individuo, que se ve obligado a permanecer en él las veinticuatro horas del día, y a menudo muchos días seguidos; meses y años que se irán haciendo cada vez más insoportables y que van a ir dejando su huella en el individuo conforme se prolonga el periodo de encarcelamiento, onfigurando unas consistencias comportamentales típicas del indlviduo que vive en prisión.

La calidad del espacio En cuanto a los aspectos cualitativos, esa configuración del espacio favorece su rápido deterioro lo que afecta gravemente a la calidad de vida del preso, que está condenado a la privación de libertad, pero a nada más. Esto ocurre en los espacios comunes, absolutamente despersonalizados, en los que, aún en los centros más nuevos, todo envejece de una manera asombrosa. Y ocurre también en las celdas, donde, además del frecuente hacinamiento, tanto las paredes como el escaso mobiliario suelen star igualmente deteriorados.

En ese deterioro del espacio intervienen al menos dos elementos básicos: – Por una parte, la mala calidad en la construcción, porque la inversión se hace en la solidez de la estructura y en el diseño con vistas a la seguridad y al control, pero no se invierte en diseñar espacios «habitables». Uno de los aspectos más negativos de la prisión es su diseño, hecho especialme nar, para someter, para despersonalizar al preso, especialmente para dominar, para someter, para despersonalizar al preso, y no únicamente para evitar las fugas.

Por ejemplo, las cerraduras no son más seguras por ser mas grandes y más uidosas, y sin embargo, en las cárceles las cerraduras siguen siendo grandes y ruidosas. No se trata únicamente de que el preso esté encerrado, sino de que vivencie con toda claridad que está encerrado, lo asimile, viva con ello y no se evada, ni siquiera mentalmente. – Por otra parte, es evidente que en el deterioro del espacio penitenciario interviene activamente el preso. Una queja frecuente de las instituciones penitenciarlas es que la población reclusa no cuida en absoluto el espacio.

Sin duda es cierto, e intervienen en ello dos factores: en primer lugar, el espacio despersonalizador no favorece su cuidado. Puesto que el preso no se puede vincular a un espacio tan anormalizador, desde luego no va a cuidarlo. En segundo lugar, el mal trato que con frecuencia da el preso al espacio, a pesar de vivir en él, por lo que su deterioro le afecta directamente, se debe a que es el principal elemento de su encarcelamiento y proyecta en él al menos parte de su agresividad hacia la institución. En este sentido, G.

SYKES, ya decla lo Slguiente: «En pocas palabras, las paredes que confinan al delincuente, el hombre contaminado, son una amenaza constante al concepto que de sí mismo tiene el prisionero y esa amenaza se repite una y tra vez en los muchos recordatorios diarios de que debe mantenerse al margen de los «hombres decentes». De una u otra manera este rechazo o esta degradación de la que lo hace objeto la comunidad libre le dice que debe ser apartado, rehuido, vuelto inofensivo. para sobreviwr g 123 objeto la comunidad libre le dice que debe ser apartado, rehuido, vuelto inofensivo.

Para sobrevivir psicológicamente, el prisionero debe arreglárselas para encontrar la manera de rechazar a su vez a quienes lo rechazan» por último, esta configuración del ambiente favorece el surgimiento de problemas de higiene que inciden en la mayor robabilidad de contraer enfermedades infecciosas, e impiden o dificultan el entrenamiento en hábitos higiénicos que tan importantes son en la prevencion de estas enfermedades. Sin embargo, si bien en la configuración arquitectónica el ambiente físico en general de las prisiones es altamente carencial y normalizador, no es éste el aspecto más negativo de la vida en prisión.

Incluso aunque se llevara a cabo una planificación material adecuada de las condiciones físicas de la vida del preso, si no cambian otros aspectos importantes su situación seguiría siendo gravemente deficitaria. Una vez más, manten[a SYKES que: erra el blanco cuando se discute el sentido de la privación que experimenta el Individuo, por útil que pueda ser el establecimiento de niveles mínimos de consumo para el mantenimiento de la salud.

Un nivel de vida puede ser desalentadoramente inadecuado, desde el punto de vista del individuo, porque le aburre o no le proporciona esas sutiles alusiones simbólicas de que investimos el mundo de las posesiones. » Es decir, la cárcel no consiste únicamente en sus estructuras físicas, sno en todo aquello que supone estar encarcelado, y en ello adquiere una importancia fundamental la vida diaria en pnslon. LA VIDA EN LA PRISION