Hacia un desarrollo armonico con la naturaleza a partir del concepto de desarrollo humano integral de manfred max-neef y la neceisdad de adelantar proyectos pedagogicos

El hombre Latino Americano se enfrenta a una encrucijada, estando obligado a definir caminos al andar, esta regresando a un momento similar al que, en su origen, enfrentaron los primeros pobladores en sus cavernas, sin ninguna tradición y desde la escasez de lenguajes, tenemos que volver a dibujar en la penumbra nuestra comprensión de una realidad amenazante y facilitar la creación de alternativas. Hoy es casi un lugar PACE 1 or3g está en crisis.

Son m haz . to View interpretaciones qu el diagnostico de la érica Latina scnpclones e ISIS, por lo que ar completo, por o menos en sus conteni os mas pro un os y trascendente, lo que no genera consenso es el tratamiento que se le debe dar al conflicto; resultando en una perplejidad a la que no le reconocemos precedentes similares, nos ha mantenido en una especie de callejón sin salida, que bloquea el paso hacia soluciones imaginativas, novedosas y audaces.

En lo político, la crisis se ve agudizada por la ineficiencia de las instituciones políticas representativas frente a la acción de las elites de poder financiero, por la internacionalización creciente de las decisiones políticas y por la falta de control e la ciudadanía sobre las burocracias públicas por la falta de una cultura democrática arraigada en las sociedades latinoamericanas.

En lo social, la creciente fragmentación de identidades socioculturales, la falta de integración y social y política, el empobrecimiento de grandes masas, que hace inmanejable los conflictos en el seno de las sociedades. En lo economico, el sistema de dominación sufre actualmente cambios profundos, donde inciden de manera sustanclal la «globalización» de la economía, el auge del capital financiero con su enorme poder concentrador, la crisis del estado de ienestar y los múltiples efectos de las sucesivas oleadas tecnológicas en los patrones de producción y consumo.

Todo esto sorprende a los países en desarrollo en condiciones de tremenda desventaja y los obliga con la complicidad de gobernantes y clases dominantes- a enormes sacrificios y costos sociales para «sanear’ sus sistemas financieros y pagar los tan mentados servicios de sus deudas con los acreedores del mundo industrializado. Ante este panorama incierto, más desolador que halagador, las respuestas y búsquedas de alternativas al autoritarismo, al neoliberalismo, al desarrollismo y al populismo, e empantanan en programas inmediatistas, y en balbuceos reactivos, o se reducen a la reivindicación y recuperación de los «niveles históricos».

Al tratar de identificarla con un nombre, nos hemos inclinado por llamarla la crisis de la utopía, porque su manifestación más grave nos parece el hecho de que estamos perdiendo si es que no hemos perdido ya- nuestra capacidad de soñar. Nos debatimos en un agotador insomnio que nos impide la lucidez imprescindible para enfrentar con vigor e imaginación nuestros problemas. Nos hemos convertido, en cambio, en una especie de somnolientos administradores de una crisis a la que ntuimos imposible de resolver por nuestros propios medios.

Esta somnolencia en que nos hace desembocar la c 39 imposible de resolver por nuestros propios medios. Esta somnolencia en que nos hace desembocar la crisis de la utopía se manifiesta con muchos rostros: el derrotismo, la desmovilización, la abulia, el individualismo exacerbado, el miedo, la angustia y el cinismo. LIMITACIONES PARA NUESTRO DESARROLLO Si limitamos nuestro análisis a los componentes económicos de la crisis, y observamos su comportamiento histórico a través de las politicas económicas y de desarrollo que se han aplicado en

Latinoamérica durante las últimas cuatro décadas, lo primero que detectamos es un claro proceso pendular. Los periodos de expansión acaban generando desequilibrios financieros y monetarios, que derivan en respuestas estabilizadoras que, a su vez, acaban generando elevados costos sociales. Lo que induce a nuevos impulsos de expansión. En este juego pendular se confrontan las dos grandes concepciones económicas que han dominado el panorama de América Latina: el desarrollismo y el monetarismo neo-liberal.

Ambas comparten el no haber logrado lo que originalmente se ropusieron, pero cada cual de manera distinta y por razones distintas. por otra parte, no todo es negativo en un fracaso, de manera que vale la pena dedicar algunas reflexiones al sello que cada una de estas concepciones ha dejado impreso en la historia económica y socio-pol(tica de la región. FRUSTRACIONES DEL DESARROLLISMO Y DEL MONETARISMO El desarrolllsmo fue una experiencia profundamente movilizadora. Fue generadora de ideas y de corrientes de pensamiento.

En los contextos nacionales aparecen las instituciones de planificación, las corporaciones de fomento de la producción en sus distinta políticas que impulsan la industrial fomento de la producción en sus distintas versiones, las políticas que impulsan la industrialización y revierten la composición demográfica de países hasta entonces predominantemente rurales, las reformas bancarias, el mejoramiento de los sistemas estadísticos, la promoción popular y los variados intentos de reformas estructurales.

Surgen, además, los primeros argumentos y tesis sólidas que apuntan a la defensa de nuestras exportaciones, afectadas -como logra demostrarse- por un deterioro constante de los términos del intercambio. Por último, on economistas latinoamericanos adscritos al pensamiento desarrollista quienes aparecen como actores determinantes en la creación de la UNCTAD.

Durante las décadas de los años cincuenta y sesenta tiene pleno sentido hablar de un pensamiento cepalino o de una filosofía del BID. Existen posiciones que generan debate. hay una efervescencia creativa indiscutible. Los centros de poder del norte contraargumentan, pero, por primera vez, a la defensiva. Todo ello empieza a diluirse en la década siguiente, y los organismos intemacionales latinoamericanos comienzan a perder su identidad original.

El monetarismo neo-liberal, que había hecho sus incursiones esporádicas sin lograr imponer su carácter más allá de episodios coyunturales de estabilización, comienza a irrumpir con toda su energía. El fracaso del desarrollismo no puede, ciertamente, atribuirse ni a falta de ideas ni a pobreza de creatividad. Por el contrario, sus aportes han sido formidables en cuanto a crear una infraestructura económica rica y diversificada.

Las razones de su fracaso se han debido fundamentalmente a su propia incapacidad para controlar los desequilibnos monetarios y financieros, a que la estr 4 39 ropia incapacidad para controlar los desequilibrios monetarios y financieros, a que la estructura productiva que generó -especialmente la industria- resultó tremendamente concentradora, y a que su enfoque de desarrollo, predominantemente económico, descuidó otros procesos sociales y políticos que comenzaban a emerger con fuerza y gravitación crecientes, especialmente después del triunfo de la revolución cubana.

La historia del neoliberalismo monetarista es otra y bien distinta. Si el desarrollismo fue generador de pensamiento, el monetarismo ha sido fabricante de recetas; por lo menos el que emos visto aplicado en nuestros países. En nuestro medio no es posible detectar propiamente un pensamiento o una filosofía neo—liberales. A diferancia del desarrollismo, el neo-liberalismo monetarista ha fracasado en un período mucho más breve y de manera mucho más estrepitosa. Más aún, se parece a un derrumbe fenicio, que nada deja después de su paso excepto un inmenso vac(o.

El que hoy en día sólo logre sustentarse, en América Latina, con el apoyo de regímenes dictatoriales o pseudo-democráticos, es prueba suficiente de que la presión generada por los costos sociales sólo uede mantenerse bajo control con la aplicación de medidas represivas. Suponiendo, empero, que el neo-liberalismo monetarista se hubiese aplicado Ve manera más acorde con la riqueza de pensamiento de sus creadores, especialmente austr[acos, su fracaso, en el contexto latinoamericano, habría sido igualmente inevitable. Esto es así al menos por tres razones.

Primero, porque a pesar de poder impulsar el crecimiento económico, no es generador de desarrollo en el sentido amplio en que nosotros lo entendemos. Segundo, porque sus supuestos de rac s 9 desarrollo en el sentido amplio en que nosotros lo entendemos. Segundo, porque sus supuestos de racionalidad económica son supremamente mecanicistas e inadaptables, por lo tanto, a las condiciones de países pobres, donde la miseria no puede erradicarse como consecuencia de la liberalización de un mercado del que los pobres se encuentran, de hecho, marginados.

Tercero, porque en mercados restringidos y oligopólicos, donde los grupos de poder económico no se enfrentan a fuerzas capaces de limitar su comportamiento, la actividad económica se orienta con sentido especulativo, lo que deriva en resultados concentradores socialmente inaguantables. Hay que destacar, por último, que ambas concepciones económicas han compartido algunos elementos, aunque con distinta intensidad. Las dos han pecado de mecanicistas y de provocar resultados económicos concentradores.

Para el neo-,liberalismo, el crecimiento es un fin en sí mismo y la concentración se acepta como una consecuencia natural. Para el desarrollismo, el crecimiento es una condición economica que conllevará desarrollo. Ambas suponen que la concentración estimula el crecimiento lo cual es demostrable estadísticamente -pero, mientras el neo-,llberalismo no ve necesidad alguna de imitarla, el desarrollismo, que sí le reconoce límites, no logra controlarla. El desenlace de esta historia de cuarenta años nos inserta, finalmente, en la situación de perplejidad en que hoy nos encontramos.

Es de este punto de partida en que retomando diversos análisis se construye como eje temático del bachillerato Alternativo para jóvenes y adultos la propuesta de desarrollo armónico con la naturaleza y la tecnolog(a, tal desarrollo se concentra y sustenta 6 9 con la naturaleza y la tecnología, tal desarrollo se concentra y sustenta en la satisfacción de las necesidades humanas undamentales, en la generación de niveles crecientes de autodependencia y en la articulaclón orgánica de los seres humanos con la naturaleza y la tecnología, de los procesos globales con los comportamientos locales, de lo personal con lo social, de la planificación con la autonomía y de la sociedad civil con el estado. Necesidades humanas, autodependencia y articulaciones orgánicas son los pilares fundamentales que sustentan el desarrollo a escala humana.

El desarrollo a escala Humana apunta hacia una necesaria profundización democrática, al facilitar una práctica emocrática más directa y participativa puede contribuir a revertir el rol tradicionalmente semipaternalista del estado latinoamericano, en rol estimulador de soluciones creativas que emanen desde abajo hacia arriba y resulten, por lo tanto, más congruentes con las aspiraciones reales de las personas. TRES POSTULADOS Y ALGUNAS PROPOSICIONES El Desarrollo se refiere a las personas y no a los objetos. Este es el postulado básico del Desarrollo a Escala Humana. Aceptar este postulado -ya sea por opciones éticas, racionales o intuitivas -nos conduce a formularnos la siguiente pregunta undamental: «Cómo puede establecerse que un determinado proceso de desarrollo es mejor que otro? «. Dentro del paradigma tradicional, se tienen indicadores tales como el Producto Geográfico Bruto, el cual es, de alguna manera y caricaturizado un poco, un indicador del crecmiento cuantitativo de los objetos.

Necesitamos ahora un indicador del crecimiento cualitativ crecimiento cuantitativo de los objetos. Necesitamos ahora un indicador del crecimiento cualitativo de las personas. ¿Cuál podría ser? Contestamos la pregunta en los siguientes términos: «El mejor roceso de desarrollo será aquel que permita elevar más la calidad de vida de las personas. La pregunta siguiente se desprende de inmediato: «¿Qué determina la calidad de vida de las personas? » «La calidad de vida dependerá de las posibilidades que tengan las personas de satisfacer adecuadamente sus necesidades humanas fundamentales». Surge la tercera pregunta: «¿Cuáles son esas necesidades fundamentales? y/o ¿Quién decide cuáles son? «.

N ECESIDADES Y SATISFACTORES Se ha creído, tradicionalmente, que las necesidades humanas tienden a ser infinitas; que están constantemente cambiando; ue varian de una cultura a otra; y que son diferentes en cada período histórico. Nos parece que tales suposiciones son incorrectas, puesto que son producto de un error conceptual. El típico error que se comete en la literatura y análisis acerca de las necesidades vanas es que no se explicita la diferencia fundamental entre lo que son propiamente necesidades y lo que son satisfactores de esas necesidades. La persona es un ser de necesidades múltiples e interdependientes. Por ello las necesidades humanas deben entenderse como un sistema en el que las mismas se interrelacionan e interactúan.

Simultaneidades, omplementariedades y compensaciones (trade-offs) son características de la dinámica del proceso de satisfacción de las necesidades. Las necesidades humanas gregarse conforme a múltiples criterios, y las anas ofrecen en este ciencias humanas ofrecen en este sentido una vasta y variada literatura. En este documento se combinan dos criterios posibles de desagregación: según categorías existenciales y segun categorías axiológicas. Esta combinación permite operar con una clasificación que incluye, por una parte, las necesidades de Ser, Tener, Hacer y Estar; y, por la otra, las necesidades de Subsistencia, Protección, Afecto, Entendimiento, Participación, Ocio, Creación, Identidad y Libertad.

Ambas categorías de necesidades pueden combinarse con la ayuda de una matriz. De la clasificación propuesta se desprende que, por ejemplo, alimentación y abrigo no deben considerarse como necesidades, sino como satisfactores de la necesidad fundamental de subsistencia. Del mismo modo, la educaclón (ya sea formal o informal), el estudio, la investigación, la estimulación precoz y la meditación son satisfactores de la necesidad de entendimiento. Los sistemas curativos, la prevención y los esquemas de salud, en eneral, son satisfactores de la necesidad de protección. No existe correspondencia biunívoca entre necesidades y satisfactores.

Un satisfactor puede contribuir simultáneamente a la satisfacción de diversas necesidades o, a la inversa, una necesidad puede requerir de diversos satisfactores para ser satisfecha. Ni siquiera estas relaciones son fijas. Pueden variar según tiempo, lugar y circunstancia. Valga un ejemplo como ilustración. Cuando una madre le da el pecho a su bebé, a través de ese acto, contribuye a que la criatura reciba satisfaccion simultanea para sus necesidades e subsistencia, protección, afecto e identidad. La situación es obviamente distinta si el bebé es alimentado de manera más mecanlca. Habiendo diferen mecánica. Habiendo diferenciado los conceptos de necesidad y de satisfactor, es posible formular dos postulados adicionales.

Primero: Las necesidades humanas fundamentales son finitas, pocas y clasificables. Segundo: Las necesidades humanas fundamentales (como las contenidas en el sistema propuesto) son las mismas en todas las culturas y en todos los per(odos históricos. Lo que cambia, a través del tiempo y de las culturas, s la manera o los medios utilizados para la satisfacci6n de las Cada sistema económico, social y político adopta diferentes estilos para la satisfacción de las mismas necesidades humanas fundamentales. En cada sistema, éstas se satisfacen (o no se satisfacen) a través de la generación (o no generación) de diferentes tipos de satisfactores. Uno de los aspectos que define una cultura es su elección de satisfactores.

Las necesidades humanas fundamentales de un indlviduo que pertenece a una sociedad consumista son las mismas de aquel que pertenece a una sociedad ascética. Lo que ambia es la elección de cantidad y calidad de los satisfactores. y/ o las posibilidades de tener acceso a los satisfactores requeridos. Lo que está culturalmente determinado no son las necesidades humanas fundamentales, sino los satisfactores de esas necesidades. El cambio cultural es -‘entre otras cosas- consecuencia de abandonar satisfactores tradicionales para reemplazarlos por otros nuevos y dlferentes. Cabe agregar que cada necesidad puede satisfacerse a niveles diferentes y con distintas intensidades. Más aún, se satisfacen en tres contextos: a) en relac• ismo (Eigenwelt); b) en relación con el grupo soci