El 24 de marzo de 1976 la Junta de Comandantes en Jefe

El 24 de marzo de 1976 la Junta de Comandantes en Jefe, integrada por el general Jorge Rafael Mídela.. , el almirante Emilio Eduardo Masera y el brigadier Orlando Ramón Agosti, se hizo cargo del poder, dictó los instrumentos legales del llamado Proceso de Reorganización Nacional y designó presidente al general Videla, quien además continuó al frente del Ejército hasta 1978.

El caos económico de 1975, la crisis de autoridad, las luchas facciosas y la muerte presente cotidianamente, la acción espectacular de las organlzaciones guerrilleras —que habían fracasado en dos grandes operativos contra unidades militares n el Gran Buenos Ai org Triple A, todo ello cre as to nen golpe de Estado que monopolio estatal de quienes poco habían sembrado por la aceptación de un cer arden y asegurar el de los militares – el caos llegara a ese extremo- iba más allá: consistía en eliminar de raiz el problema, que en su diagnóstico se encontraba en la sociedad misma y en la naturaleza Irresoluta de sus conflictos.

El carácter de la solución proyectada podía adivinarse en las metáforas empleadas -enfermedad, tumor, extirpación, cirugía mayor-, resumidas en una más clara y contundente: cortar con la espada el nudo ordiano.

El tajo fue en realidad una operación int Swlpe to vlew next page integral de represión, cuidadosamente planeada por la conducción de las tres armas, ensayada primero en Tucumán -donde el ejército intervino oficialmente desde 1975- y luego ejecutada de modo sistemático en todo el país Los mandos militares concentraron en sus manos toda la acción y los grupos parapoliciales de distinto tipo que habían operado en los años anteriores se disolvieron o se subordinaron a ellos. (… La planificación general y la supervisión táctica estuvo en manos e los más altos niveles de conducción castrense, y los oficiales superiores no desdeñaron participar personalmente en tareas de ejecución, poniendo de relieve el carácter institucional de la acción y el compromiso colectivo. Las órdenes bajaban, por la cadena de mandos, hasta los encargados de la ejecuclón Cada detenido, desde el momento en que era considerado sospechoso, era consignado en una ficha y un expediente, se hacía un seguimiento, una evaluación de su situación y se tomaba una decisión final correspondía siempre al más alto nivel militar.

La represión fue, en suma, una acción sistemática realizada desde el Estado. Se trato de una acción terrorista, dividida en cuatro momentos principales: el secuestro, la tortura, elconfinamiento y la ejecución. para los secuestros, cada grupo de operaciones operaba preferentemente de noche, en los domicilios de las victimas, a la vista de su familia, que en muchos casos era incluida en la operación. Pero tambi víctimas, a la vista de su familia, que en muchos casos era incluida en la operación.

Pero también muchas detenciones fueron realizadas en fábricas o lugares de trabajo, en la calle, y lgunas en países vecinos, con la colaboración de las autoridades locales. La operación se realizaba con autos sin patente pero bien conocidos -los fatídicos “Falcón verdes”-, mucho despliegue de hombres y armamento pesado (… ) Al secuestro seguía el saqueo de la vivienda, perfeccionado posteriormente cuando se obligó a las víctimas a ceder la propiedad de sus inmuebles, con todo lo cual se conformó el botín de la horrenda operación.

El destino primero del secuestrado era la tortura sistemática y prolongada. La “picana”, el “submarino” —mantener sumergida la abeza en un recipiente con agua- y las violaclones sexuales eran las formas más comunes; se sumaban otras que combinaban la tecnología con el refinado sadismo del personal especializado, puesto al servicio de una operación institucional de la que no era raro que participaran los jefes de alta responsabilidad.

La tortura ffsica, de duración indefinida, se prolongaba en la psicológica: sufrir simulacros de fusilamiento, asistir al suplicio de sus amigos, hijos o esposos, comprobar que todos los vínculos con el exterior estaban cortados, que no había nadie que se interpusiera entre la victima y el victimario. 31_1f3