Bien comen

Bien comen gy stetanycs gexaúpR 02, 2010 6 pagos EL BIEN COMÚN • El bien común es aquello que moviliza y unifica a la sociedad civil. Compromete universalmente bajo modalidades específicas al Estado, la sociedad entera (a cada sociedad y aun a la humanidad o al orden internacional), a las asociaciones intermedias y a todas las personas. • En Mater et Magistra se expone el bien común como: «Todo un conjunto de condiciones sociales que permitan a los ciudadanos el desarrollo expedito y pleno de su propia perfección» (n. 65). • Elementos que deben desarrollarse para lograr el Bien

Común: El bien común de una determinada sociedad comprende los recursos materiales justo, la difusión de I los servicios esencial potable, electricidad, del medio ambiente, orfi cami lobal y el salario revisión social, , comerc10, agua reservación s, el recto funcionamiento de los medios de comunicación social, la tranquilidad pública y la estabilidad social, la armonía de las clases y estamentos, los medios de descanso y diversión, el idioma, la cultura, y las propiedades características de la nación, la educación laboral, soclal, moral, y religiosa; la moralidad pública las facilidades para el culto y la práctica religiosa, el desarrollo de las artes como letras y ciencias, la justicia de la legislación, la correcta organización de los poderes del estado, la adecu Swipe to vlew next page adecuada exigencia de los deberes cívicos y la defensa de la libertad y de los derechos fundamentales de la persona humana. • Los organismos y el bien Común a) Los organismos permanecen, mientras que las células perecen y vuelven a ser continuamente renovadas. De modo análogo, la sociedad sobrevive al continuo cambio de los individuos. Ya la familia suele abarcar al menos dos generaciones. La aldea y la ciudad, el pueblo y el Estado existen por siglos.

La sociedad, escribe San Agustín en el libro 22 de la Ciudad de Dios, se asemeja a un olivo cuyas hojas caen y vuelven a nacer, pero cuyo tronco y copa permanecen. La analog(a del organismo aclara, por tanto, que la sociedad supera temporalmente al breve espacio de una vida humana y se extiende en el pasado y en el futuro.. Y que, también espacialmente -como las ramas del olivo – supera el espacio vital del individuo. b) Las partes de un organismo, por ejemplo las hojas y raíces de una planta, no constituyen una suma de cosas aisladas y sin elación entre sí, sino que son puestas al servicio de la totalidad por fuerza vital inmanente del todo.

También esta estructura ontológica puede verse realizada de modo análogo en la sociedad, cuyos miembros no son individuos aislados sino que constituyen una unidad de orden espiritual y moral y sirven a la totalidad. c) Los organismos no dejan que sus miembros se atrofien, sino que los alimentan y mantiene, sólo en extrema necesidad sacrifica el organismo un miembro para salvar el todo. Una ley semejante vale análogamente sacrifica el organismo un miembro para salvar el todo. Una ey semejante vale análogamente para la sociedad, que no deben abandonar a sus miembros, sino que tienen que cuidar de ellos, mientras que los miembros, por su parte tienen que estar dispuestos a subordinar sus intereses al bien común. Lo mismo que la mano se alarga, aunque de mala gana, al golpe de la espada para proteger el cuerpo, el ciudadano tiene que ponerse en peligro incluso de perecer por mantener la comunidad» (Tomas de Aquino STI 60, De la analogía del organismo resulta la siguiente conclusiones para la interpretación del bien común: El bien común no es una suma sino un nuevo valor specíficamente distinto del bien individual y de la suma de las bienes particulares. Cada estructura social por ejemplo, una ciudad o una universidad, tiene su especial bien común. Cuando se habla del bien común sin más, se alude al bien común de la sociedad perfecta, del Estado; es el conjunto de Instituciones que posibilitan al individuo y a las pequeñas comunidades de perseguir en ordenada cooperación el desarrollo de la personalidad y la estructuración de la cultura. Hay que tener en cuenta que en esta época de relaciones mundiales el bonum commune, que hasta ahora solía limitarse al

Estado se universalice cada vez más e implique por ello derechos y obligaciones que miran a todo el género humano. La dimensión teologal del bien común No hay bien común de la sociedad que lo sea de veras si se desconecta del bien común universal, de la creación ente 31_1f6 de la sociedad que lo sea de veras si se desconecta del bien común universal, de la creación entera; del fin último del hombre y por tanto de la sociedad. El bien común no se puede privar de su dimensión teologal suprema y fundamento último: el bien infinito, fuente de todo bien creado. Conviene recordar que el bien común es primero y sencialmente «bien», el bien moral del hombre en sociedad.

Un «‘bien común» que tiende a la amoralidad, es en el fondo una meta social que tiende a ser un mal común El respeto a la dignidad personal Podemos enunciar tres principios esenciales para salvaguardar la dignidad personal: a) Sólo la persona individual es sustancia, mientras que la sociedad es una unidad real, relacional y de orden ( relatio realis) . Fuera de los individuos, e independiente de ellos, no existe la sociedad. b) La primacía del bien común sobre el bien particular vale sólo en la medida en que el hombre está obligado como miembro de una eterminada estructura social. El hombre es siempre, en algún sentido, miembro de una estructura social, por ejemplo, miembro de equipo en la empresa, socio en la asociación, ciudadano en el Estado, etcétera. Ninguna empresa ni Estado debe ver en el hombre exclusivamente al miembro del equipo (empresa ) o únicamente al ciudadano (Estado ) y reivindicarlo con todo lo que es, piensa y hace.

Pues el hombre es más que un trabajador o ciudadano; es hombre y en modo alguno (Santo Tomás de Aquino, ST 1-11,21 ,4). Sólo en la medida en que el hombre trabaja en una empresa como mi Tomás de Aquino, ST 1-11,21 ,4). Sólo en la medida en que el hombre trabaja en una empresa como miembro del equipo, y en tanto en cuanto trabaja, tiene que subordinarse a las necesidades objetivas de la empresa; y sólo en la medida en que se trate de la situación de ciudadano, corresponde al bien común político la primacía sobre los intereses particulares. c) El principal sentido de toda sociabilidad es la plenitud de la personalidad. En definitiva, la sociedad está al servicio de la persona.

La sociedad es un medio natural en el que el hombre puede y debe servirse para la consecución de su fin, pues la ociedad humana existe para el hombre, y no al revés>> (Pío XI, Divini Redemptoris, 1939). No obstante, es lícito afirmar que la sociedad tiene también, en cierto sentido, su propio fin. En efecto, cuando una estructura social, por ejemplo, un Estado, se desarrolla y consigue florecer con arreglo al orden puesto, no sólo fomenta el bien de sus miembros, sino el del propio Estado. En esencia el bien común, consiste en una paz y seguridad de las cuales las familias y cada uno de los individuos pueden disfrutar en el ejercicio de sus derechos y al mismo tiempo en la mayor bundancia de bienes espirituales y temporales que sea posible en esta vida mortal mediante la colaboración activa de todos los cudadanos .

Dijo Juan XXIII: » Todos los miembros de la comunidad deben participar en el bien común por razón de su propia naturaleza aunque en grados diversos, según las categorías, méritos y condiciones de cada ciudadano. Po naturaleza aunque en grados diversos, según las categorías, méritos y condiciones de cada ciudadano. Por este motivo, los gobernantes han de orientar sus esfuerzos a que el bien común redunde en provecho de todos sin preferencia alguna por ersona o grupo social determinado» (Pacem in Terris, n. 56). A los partidos políticos, a los sindicatos y a otras asociaciones semejantes se les pide un esfuerzo especial por subordinar sus intereses finales a la universalidad del bien común, para no perjudicar los legítimos intereses de quienes por cualquier motivo, carecen de representación, o de poder de presión sobre las autoridades.

Es necesario mencionar, a quienes algunos llaman el proletariado intelectual, a los ciudadanos que cultivan, las letras, las artes; a los educadores, a los trabajadores del área humanista, personas ue entregan a la sociedad un aporte de belleza, bien, verdad, justicia, muchas veces no bien remunerado. La ciudad humana necesita imperiosamente de esos valores, que se sitúan muy alto en la jerarquía del bien común. Juan Pablo II habla de la desocupación de los intelectuales, «cuyo trabajo es menos buscado o menos pagado que el trabajo manual» (Laborem excercens, n. 8). La universalidad del bien común debe extenderse muy especialmente a todos los trabajadores que no reciben una remuneración adecuada a la calidad espiritual y social de su obra creativa (Gaudim et spes, nn. 60-62 y Popolorum Progressio, n. 40).