Anteproyecto de ley

Anteproyecto de ley gy danclavi ACKa5pR 02, 201C 41 pagcs Preámbulo Antedecentes. ?? La juventud constitúyese en un segmento primordial para el desarrollo de las sociedades, no sólo por cuanto representa una población, cuantitativamente, significativa de ellas; por cuanto es en ésta etapa donde se configura, afirma y define la personalidad humana, si no por cuanto, y fundamentalmente, como nos ilustra la historia— porque los jóvenes han sido a lo largo de ella, en todas las sociedades, agentes de transformación y renovación social y bien pueden trocarse en un factor actual, on esas cualidades, y porque será la generación de hoy la que mañana tendrá que consolidar, o en su caso soportar y continuar luchando por transformar lo ue se ha a en el presente. PACE 1 oral S»ipeto n ut;Ege La realidad y su desa II que nos permiten int ctuar empero, no por ser e cumplen, adrede, a v b vas, científicas, ara transformarla; or su objetividad, se ombres. No menos sucede con algunas realidades como las de la juventud, que – pese a revestir la importancia que le denotáramos en el párrafo anterior- no cuentan con el debido reconocimiento y atención de su problemática, y para las que existen pocas -y dependiendo de os Estados a que nos refiramos, nulas- políticas sociales, que se hayan desarrollado e implementado en su beneficio. Realidad que no puede por menos que movernos a rectificarla.

El año 1985 marca un hito en este proceso, cuando se celebra, por acuerdo de la Asamblea General de las Naciones Unidas, reunida en conferencia, el Año Internacional de la Juventud y se reúne el Congreso Mundial de la Juventud, en Bar Swlpe to vlew nexr page Barcelona-España. La década del ’90 marca, en Latinoamérica, el inicio de símil etapa en diversos parses. No sólo se vislumbra la necesidad de estudiar «el problema» de la juventud, sino las ormas cómo debiera encararse el mismo y su incorporación en las políticas de Estado y sociales. La elaboración de normas a este propósito, tuvieron sus primeros resultados a partir de la segunda mitad de la década pasada, cuando países como Colombia, México, Ecuador, Costa Rica y Honduras, aprobaron sus primeras normativas nacionales para jóvenes. aso importante en este tránsito fueron, también, las Conferencias Iberoamericanas de Ministros de Juventud, que revelan una mayor preocupación por la población juvenil, contribuyendo a superar juicios paternalistas tales como que el oven es un sujeto de tutela y protección y no uno susceptible de ejercicio y participación estratégica plena de derechos y proposiciones en la construcción de las sociedades y los países. Igualmente, la aprobación que se hiciera, el aho 2005, de la Declaración Iberoamericana de los Derechos de la Juventud, en Badajoz-España; pues se decldio encarar la sltuación de los jóvenes no ya desde una perspectiva unilateral sino conjunta, de los países ibéricos. Lo que aún con ser un paso importante, no deja de ser uno más de los muchos por recorrer; pues el documento debe ser ratificado, cuando menos, por cinco países e los que le suscribieron, para que pueda ser considerado como Tratado Internacional y aún así ratificado por nuestro congreso para ser aplicable en nuestro país.

En el caso boliviano, son escasos los intentos por plasmar la preocupación estatal en este tema, aunque sea normativamente. El extremo es evidente si se considera que, 41 estatal en este tema, aunque sea normativamente. El extremo es evidente si se considera que, en la actualidad, existe sólo una norma: el Decreto Supremo NO 25290, a medias, efectivamente vigente; que refiera no ya la contextualización de la realidad uvenil, sino, y apenas, sus derechos y deberes respecto del Estado, la sociedad y la naturaleza; reconozca incipientemente a las organizaciones juveniles, y les brinde un margen de participación y organización limitado y dependiente, a nivel de los gobiernos municipales, departamentales y nacional.

Digresión importante podríamos hacer acá, en sentido de que los variados intentos por abordar la temática juvenil desde esferas oficiales —y no hablamos de sólo las bolivianas- han tendido al fracaso, porque no han sido otra cosa que lucubraciones teóricas individuales y no precisamente producto de la lectura e la realidad juvenil, es decir, su expresión. Afirmación que hace inevitable la cuestión: ¿Es la ley capaz de definir la sociedad en el marco de sus preceptos, es decir, preceptuarla en un marco; o, en definitiva, es la sociedad quien define a la norma, es decir, que ésta es expresión de aquella? Si lo primero fuese cierto, no aludiríamos al carácter capital de las experiencias pasadas, y ello responde la pregunta.

Lo segundo nos pone en una disyuntiva más amplia todavía, pues nos propone responder a cuáles y cómo debieran ser y ejecutarse las acciones destinadas a encaminar la sociedad en un modo tal que no sólo permita ino ante todo motive, la participación de la juventud en la elaboración, ejecución y seguimiento de las políticas destinadas a ella y a la sociedad toda. Y a este propósito, la ley que se propone no pretende sino constituirse en un medio qu sociedad toda. Y a este propósito, la ley que se propone no pretende sino constituirse en un medio que permita aquello. Brindar espacios a las organizaciones juveniles, pero ante todo, contribuir a que éstas —y no sólo éstas sino los jóvenes todos asuman un rol protagónico en la transformación de la sociedad, para la resolucion de sus contradicciones, como única alternativa e solución de las suyas propias. La construcción del Anteproyecto. En la construcción del anteproyecto que ponemos a consideración, se ha tomado como referencia, en términos generales, según hemos anotado ya en alguna forma, básicamente, la legislación comparada vigente y proyectada sobre juventud en doce países latinoamericanos; ello nos ha permitido contar con referencias inapreciables no sólo en cuanto a su estructuración normativa sino en cuanto a la aplicabilidad que las mismas han tenido en sus respectivos países. Pero, como también ya hemos indicado, la tarea fundamental consist[a no anto en repetir experiencias pasadas como en cuanto aprender de ellas para superarlas. Y en este sentido, objetivo primordial para el trabajo desarrollado consistió en estructurar la normativa de juventudes a parti de ellas mismas, de sus experiencias y visiones, de sus aspiraciones, limitaciones y potencialidades proplas. Material primordial en esta tarea nos lo proporcionó los talleres departamentales para la construcción participativa del plan nacional quinquenal de juventudes, organizados, también, por el Viceministerio de Género y Asuntos Generacionales.

Estos talleres se realizaron por espacio de tres meses en todos los epartamentos del pais y en ellos participaron, excluyendo el evento nacional realizado en Cochabamba, novecient 40F y en ellos participaron, excluyendo el evento nacional realizado en Cochabamba, novecientos cincuenta y cuatro jóvenes de todo el país. Lo que equivale a decir, más de mil jóvenes. Los talleres -producto de la labor de los jóvenes en varias mesas de trabajo durante dos días promedio- brindaron infinidad de razonamientos y planteamientos sobre la juventud desde su propia óptica, variada por lo demás, sobre los que se ejecutó la construcción de este plan que está ya concluido. ?ste material, omo otros producidos en variados eventos de carácter regional y nacional, fueron consultados y revisados por nosotros y nos proporcionaron una relación general de la situación de las juventudes en el pais y sus expectativas. Producto de este trabajo preliminar, se elaboró una primera propuesta con el propósito de motivar a la discusión sobre ella. Esta tarea -la valoración de este primer borrador- nos ocupó por cerca de un mes. En trabajo con grupos focales de las diversas ciudades capitales del país, en los que participaron doscientos cuarenta y dos jóvenes en total, se procedió a recoger las bservaciones y propuestas de todos ellos.

Según se tenía previsto en la metodología de elaboración del presente anteproyecto, esta parte de nuestro trabajo se constituyó en la fundamental de él, por cuanto se trataba no ya de averiguar los planteamientos de los jóvenes sino de constatar hasta qué punto se los hab(a comprendido y plasmado en el primer borrador. Como expresión de todo lo realizado antes de él, no sólo por nosotros sino por instancias públicas y privadas, individuales y colectivas. Los resultados fueron altamente útiles, por cuanto constataron algunos de nuestros planteamientos y porque nos corrigieron y a 1 altamente útiles, por cuanto constataron algunos de nuestros planteamientos y porque nos corrigieron y ampliaron otros; y, en general, porque logramos una visión integral de las juventudes del país, aunque ciertamente -hay que declrlo- no completa.

El paso siguiente consistió en la depuración final con autoridades del viceministerio y personalidades conocedoras de la temática, técnica jurídica y socioculturalmente hablando. El Anteproyecto. Formalmente, la estructura de la ley está desagregada en setenta y cinco articulos y cinco disposiciones finales, dispuestos en siete ítulos, uno preliminar; seis capítulos y tres secciones; los que, distribuidos, hacen referencia a: los derechos y obligaciones de la juventud, la política y el sistema nacional de la juventud, el régimen para la participación política de la juventud, el régimen socioeconómico para la juventud, las políticas sociales y culturales para el desarrollo integral de la juventud y las políticas para la juventud en desventaja.

En la conformación de los diversos títulos -exceptuando el segundo- la propuesta recoge parámetros y demandas no solo de los eventos referidos en el subtítulo anterior, sno otros, e diversas latitudes y ocasiones. En el marco de normativas propias del país y de otras, internacionales, reconocidas por el Estado boliviano. En ese sentido lo que se ha hecho no es sino declarar, si se quiere, lo ya declarado; aunque, necesariamente, con las particularidades que hacen a nuestra sociedad; esto es, fundamentalmente, de las naciones originarias y la población afrodescendiente. La propuesta no pretende crear -aunque si reconocer— segmentos particulares de nuestras juventudes, no ya de ciudadanos dlferentes, por jóvenes 6 1 segmentos particulares de nuestras juventudes, no ya de ciudadanos diferentes, por jóvenes.

Las juventudes cuentan las mismas garantías, el mismo reconocimiento y los mismos deberes indistintamente que cualquier otro ciudadano; pero dada su situación de grupo vulnerable, aunque con potencialidades reconocidas, el propósito de la ley no es otro que el de valerse de esa diferencia para equipararle en oportunidades y en condiciones. Pues como señala Alejandro Morlacheti: «El problema fundamental no radica sólo en lograr que a los jóvenes se les reconozca como sujetos de derechos, sino en construir normas, políticas e instituciones, que garanticen el pleno goce y ejercicio de sus derechos. Las políticas publicas n la reglón han devenido cada vez menos en polítlcas públicas de carácter universal y más en programas focalizados hacia sujetos específicos para resolver problemas particulares.

Daría la impresión de que las políticas sólo son instrumentos para remendar y compensar los problemas de los sectores de la sociedad más desprotegidos. En consecuencia, la focalización ha pasado de ser un instrumento de política pública a ser en sí misma una poltica pública. En todo caso, puede que lo mejor para el sujeto sea ser atendido sin más etiquetas que las estrictamente inevitables, sin separarlo del colectivo humano el que forma parte, en función del conjunto de necesidades y dificultades y no del síntoma o del conflicto especifico». 1 Quizá, en estas reflexiones, que las creemos acertadas, encontremos la justificación de nuestro empeño en la formación y consolidación del sistema nacional de juventudes: pilar fundamental del anteproyecto que ponemos a su conocimiento.

Pues, en definitiva, se trata de construi anteproyecto que ponemos a su conocimiento. Pues, en definitiva, se trata de construir con los jóvenes no para ellos. Ejemplo: las experiencias que -sobre la base del, para no pocos, ligero y ambiguo D. S. 25290- se tiene con los concejos unicipales de la juventud, nos han dejado en poco más de ocho años de su vigencia, tres escasos ejemplos, sin mencionar que los más han respondido a la ‘Voluntad» no precisa y estrictamente de organizaciones juveniles o de los jóvenes, por lo menos en sus etapas iniciales. La experiencia denota pues que sin la decisiva participación juvenil no hay norma que valga.

Pero incluso si esto no fuera así, hacerlo de otra forma implicaría desechar el carácter que, en teoría, le reconocemos a la juventud; esto es, como sujeto no sólo de protección y/o vulnerabllidad, si no como sujetos potenciales de una participación activa y efectiva n la construcción del Estado nacional. Y en este entendido, consideramos que hay solo un primordial aporte que la presente ley puede rescatar para la juventud: reconocer y permitir la participación juvenil en todos los ámbitos sin soslayarle sus caracte risticas. Así, el Sistema Nacional de la Juventud se halla dividido en dos componentes: Orgánico y Ejecutivo, claramente identificados, cada cual con las tareas fundamentales, aunque no excluyentes, de diseñar y ejecutar, respectivamente, las políticas para la juventud.

Cada componente cuenta una autonomía implícita respecto del otro, aunque, en la ley, se enfatiza la de la parte rgánica, de las organizaciones juveniles, como la capacidad para que estas definan su organización y políticas con independencia de las señaladas por las autoridades públicas, del nivel que sean. La parte orgánica del s independencia de las señaladas por las autoridades públicas, del nivel que sean. La parte orgánica del sistema apunta a brindar espacios de organización a los jóvenes en los ámbitos municipal, departamental y nacional, como reconocimiento de que la principal dificultad para la participación juvenil es su organización. Hecho enfatizado por los mismos jóvenes. Pero no desecha la articipación de los jóvenes en forma individual, es decir, no organizados o pertenecientes a organización alguna.

La parte ejecutiva, como expresión de la necesidad imperativa de que se amplíen las instancias públicas para la juventud, plantea la creación del Viceministerio de Juventudes; como reconocimiento de la importancia de este segmento etéreo de la sociedad y de que la aplicación de políticas que le beneficien no implican un beneficio aislado para él sino para la sociedad toda. Partes integrantes capitales de esta parte del sistema son la Comisión Nacional de Juventudes y el Registro Nacional e Juventudes; como instancias técnicas para el diseño, implementación, ejecución, dirección y evaluación de las pollticas públicas para la juventud y la elaboración de bases estadísticas objetivas y actualizadas de la realidad juvenil y sus organizaciones, cuyo marco deberá todavía ser especificado por reglamentos ulteriores.

Entre algunos de los temas harto inquietantes y polémicos, si se quiere importantes, planteados y discutidos por los mismos jóvenes y definidos en la presente propuesta, contamos: La edad, que, partiendo de las experiencias singu arísimas de cada joven y del inevitable contexto nacional e internacional al ue debemos circunscribirnos, ha sido determinada; primero, en consideración a que un se circunscribirnos, ha sido determinada; primero, en consideración a que un segmento importante de la población nacional, el 25,46 %2, oscila entre los 16 y 29 años de edad; que apenas 48 de cada 1 00 adolescentes y jóvenes cuentan alguna ocupación3, mientras el resto pese a estar comprendidos en la Población Económicamente Activa4 no tiene empleo y/o no visibiliza políticas públicas concretas para subsanar ese su estado; segundo, en mérito a estipulaciones legales vigentes, de carácter enal y social, que, por ejemplo, en el primer caso, establece la responsabilidad penal de los jóvenes desde los 16 años de edad o, en el segundo, reconoce la facultad de éstos -en el caso de los varones, en las mujeres mucho más antes- para contraer matrimonio desde esta edad.

Lo que evidencia la contraposición del reconocimiento y la asignación de responsabilidades que se le asigna a la juventud en algunos temas y no en otros; y, tercero, y no menos importante, en consideración a la realidad latinoamericana, que 1) Alejandro Morlacheti , «Leyes de la Juventud en América Latina: ¿Para qué sirven? Opina un experto en legislación», en www. joveneslac. org (2) Que representa un total de 2. 205. 135 hab. FUENTE: Elaboración propia en base a las proyecciones de la UDAPE a Julio de 2007. (3) Cooperación Técnica Alemana-GTZ, «Diagnóstico Nacional sobre la situación económica laboral de adolescentes y jóvenes», p. 17. Las cifras han sido elaboradas según los datos de la Encuesta Integrada de Hogares-Condiciones de Vida (M ECOVI), aplicadas por el Instituto Nacional de Estadistica en las ciudades capitales del país el año 2002. Las referencias a adolescentes alude a los comprendidos entre los 16 y 18 años y jóvenes a los